"En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!".
Este episodio ocurrió entre las tres y las seis de la mañana. Es muy probable que en esas horas recién finalizo su tiempo de oración. Era un tiempo intimo y lo hizo sólo. No en aislamiento, pues horas atrás estuvo con una multitud. Pero el texto resalta que subió al monte a orar aparte. Luego de entregar a la enseñanza de Dios a la multitud, busco llenarse nuevamente antes de continuar.
A esas horas ver a un hombre caminar sobre las aguas era algo absolutamente inesperado. Y seguramente mas de uno trato de explicar lo que veía diciendo "un fantasma". Interesante que siempre tratemos de entender las cosas encasillandolas a nuestras experiencias. Pero al hacer esto nos hacemos ciegos, y no podremos ver el despliegue del obrar de Dios. Mejor es preguntarnos ¿que nos quieres enseñar Señor?.
Felizmente, las palabras de Jesús no son de recriminación sino de aliento. Y sobre todo de ayudarnos a reconocerlo en medio de los acontecimiento. Y lejos de dejarnos hundidos en el miedo, nos dice "no temas". Gracias Señor, por tu paciencia y amor.
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