"Miren, hoy les doy a elegir entre la vida y el bien, por un lado, y la muerte y el mal, por el otro. Si obedecen lo que hoy les ordeno, y aman al Señor su Dios, y siguen sus caminos, y cumplen sus mandamientos ... el Señor su Dios los bendecirá en el país que van a ocupar. Pero si no hacen caso de todo esto, sino que se dejan arrastrar por otros dioses para rendirles culto ... les advierto que morirán sin falta ... En este día pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ustedes, de que les he dado a elegir entre la vida y la muerte, y entre la bendición y la maldición. Escojan, pues, la vida para que vivan ustedes y sus descendientes; amen al Señor su Dios, obedézcanlo y séanle fieles..." (Deuteronomio 30:15-20 DHH).
La Biblia plantea una decisión radical, entre la vida y la muerte, no acepta medias tintas, es blanco o negro, y no entra a jugar con tonos grises. Esto parece un estandar demasiado alto para un hombre cualquiera. Y es cierto, nadie por si sólo puede cumplir las exigencias divinas, la Biblia dice "No justo, ni aun uno". Entonces la explicación no se encuentra en nuestra fuerza de voluntad de resistir lo malo, sino en nuestra disposición de entregarnos a Dios para que el obre en nosotros, la clave es estar obedeciendo a Dios de lo contrario estamos solos, y en nosotros sólo hay debilidad.
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